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El tiro libre único, a examen: qué dicen los datos de la ACB

El tiro libre único, a examen: qué dicen los datos de la ACB

La regla que ensaya la NBA propone lanzar menos TL, pero de mayor valor. Los datos ACB desaconsejan su aplicación.

Jotas
06/08/2026 10:29 4

La ACB acaba de firmar la Liga Regular con más tiros libres de su historia moderna: 35,3 anotados por partido y uno de cada cinco puntos llegado desde la línea de personal. Eso implica también muchas interrupciones y reloj parado. Aquí el asunto todavía no levanta debate, pero en Estados Unidos hace años que le buscan solución: la G League lleva temporadas aplicando una regla que la NBA ha probado este verano en la Summer League y que ya se discute abiertamente. Cada falta concede un único lanzamiento que vale tantos puntos como tiros libres concede hoy: falta en un triple, un tiro libre de 3 puntos; falta en un tiro de 2, un tiro libre de 2. Con una excepción que conviene retener, porque lo explica casi todo: en los últimos dos minutos del último cuarto y en las prórrogas vuelven los tiros libres de siempre.

Hemos reconstruido las 7.781 series de tiros libres de la Liga Regular jugada a jugada, y el primer dato es demoledor: el primer lanzamiento de una serie es el peor. En las series de dos tiros (el caso más habitual, 5.921 de las 7.781) el segundo entra un 79,0% de las veces y el primero solo un 73,2%. Son 5,8 puntos porcentuales de diferencia sobre 5.921 intentos de cada uno, con los mismos tiradores y en las mismas situaciones: no es ruido, es que el jugador usa el primer tiro para calibrar. La nueva regla valoraría cada falta con el peor tiro de la serie.


La consecuencia no es tanto que se anote menos como que se anote al azar. Aplicando la regla a lo que de verdad pasó en la cancha, la liga habría perdido 276 puntos (−2,6% de todos los puntos de tiro libre). Pero el problema es la varianza: hoy una serie de dos tiros acaba en 0 puntos el 6,6% de las veces; con la nueva regla, el 26,7%. Cuatro veces más. Y desaparece el punto único, ese 1 de 2 que hoy pasa un tercio de las veces: cara o cruz. La volatilidad de cada viaje a la línea sube un 43%.

Por equipos el castigo no se reparte igual. El Barça sería el gran perjudicado: 38 puntos menos en la temporada (−1,12 por partido), porque acierta el 67,3% de los primeros tiros y el 82,0% de los segundos, casi quince puntos de diferencia. En el otro extremo, solo Baskonia (+3) y Unicaja (+1) saldrían ganando, y el Río Breogán se quedaría exactamente igual: son los únicos de la liga que no fallan más el primer lanzamiento que el resto.


A nivel individual la foto es aún más clara. Luka Bozic perdería 14 puntos, Olek Balcerowski 11, y Ricky Rubio y Willy Hernangómez 10 cada uno. El caso del pívot del Barça es el más extremo: acierta el 60% de los primeros tiros libres y el 85% del resto, veinticinco puntos porcentuales de diferencia. Y ahí está la asimetría que lo resume todo: el jugador más perjudicado pierde 14 puntos y el más beneficiado, Cameron Hunt, gana 4.

¿Cambiaría partidos? Ocho. Aplicando la regla a la Liga Regular, ocho partidos habrían terminado con otro ganador y otros nueve habrían acabado empatados y camino de la prórroga. Diecisiete de 306, un 5,6% de la temporada, y eso a pesar de que los tiros libres del final quedan exentos.

Queda la pregunta importante: ¿cuánto tiempo se ahorra de verdad? Hemos podido medirlo con el tiempo real, no con el reloj de juego, gracias a la marca horaria que la ACB guarda en cada jugada. Entre dos tiros libres consecutivos de la misma serie pasan 15 segundos, y como la regla elimina 18,3 lanzamientos por partido, el ahorro es de 4 minutos y 35 segundos. Real. Pero con dos matices que lo cambian todo. El primero: no elimina ni una sola interrupción, porque cada falta sigue parando el reloj exactamente igual (siguen siendo 25 por partido). El segundo es demoledor: en los dos últimos minutos no ahorra absolutamente nada, porque ahí la regla no se aplica. Justo la ventana donde está la queja de ritmo es la que sus propios autores decidieron dejar fuera.


Y hay un último dato que coloca la propuesta en su sitio. En un partido ACB el reloj está parado 60,6 minutos. Los tiros libres se llevan 20,2 de ellos, pero la regla solo recortaría 4:35: el pitido, la señalización y la colocación en la línea (30 segundos de media por falta) quedan intactos. Mientras tanto, los tiempos muertos se pasan 5:43 por partido del minuto que les da el reglamento, y las revisiones de vídeo y los challenges cuestan 6:33. Las dos cifras son mayores que todo lo que ahorraría la regla. Y las dos se recortan sin cambiar cómo se anota un solo punto.

Ese es el resumen: la propuesta cambia la forma de anotar de un deporte entero para ganar cuatro minutos y medio que ya están, y más a mano, en otro sitio. Y lo hace apoyándose en el peor lanzamiento de cada serie, disparando la aleatoriedad un 43% y alterando 17 resultados por temporada. Hacer el baloncesto más dinámico es un objetivo razonable. Este camino, a la vista de los números, no lo parece.

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